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La poesía primorosa de Adrianne Tardío

La poeta cochabambina borda con primor cada palabra de su libro Cajón de costurera

Rebecca

En el albor te trajeron las huestes de los mares
Candorosa, frágil y angélica tus mejillas bermellón.
Tornasola el torrente en tus venas, tras el epitelio claro de tu piel
                                                     -ángel mío-
Argenta el sol la urdimbre de tus cabellos,
Filamentos liados con briznas de  arijos dorados,
Que llevan en su entorno de violetas silvestres su aroma
Para ornar la palidez de tu rostro tan bello.
Mi amada, niña, mi ángel…

Anclaje

Esa luz que seduce a mi tristeza,
tenue, cálida se cuela en mi piel
pero no me importa,
ya no sabe a nada.

Me arrullo quejumbrosa
en algún nido de sombras,
en su frio me cobijo y huyo
de la vida que no se detiene.
¡Qué indolente circula por la ventana!
La dejo que me atisbe sin recelo.
La vida ya no es vida.

Me quedo, me sostengo
en esta resonancia de tristezas
con esta suma de antónimos,
en esta opacidad
y sujetando mis tobillos
la carlanga de la angustia
que me retiene, me ancla.
                  Me resisto.
                                   Me quedo.

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