Chumay: Un fragmento de historia de los chiriguanos

En el suelo de negociaciones

Fernando Soto Quiroga

En 1779, tres años después de pasar la Audiencia de Charcas a depender del Virreinato del Río de La Plata, el territorio chiriguana sufre una nueva invasión; esta vez las fuerzas españolas bajo el mando del Coronel don Luis Hurtado de Mendoza deciden desplegar acción guerrera contra los pueblos o tentas situados al sur del río Pilcomayo. Los chiriguano-guarany desarrollaban toda una estrategia militar para destruir el Fuerte Santiago y liquidar a las milicias de la Corona asentadas en él. La fuerza militar española tenía la misión de doblegar y vencer a los chiriguanos para facilitar el avance de las haciendas ganaderas de los carai (blancos y mestizos) y fortalecer las reducciones franciscanas que con su acción evangelizadora cooperaban en el intento de doblegar el combativo espíritu de libertad de los kerembas (guerreros) chiriguanos.

De enero a marzo de 1779 vanamente las fuerzas del Coronel Hurtado de Mendoza porfiaron, sin éxito alguno, derrotar y someter a los chiriguanos. Un segundo intento o misión de guerra correría igual suerte, por lo que 8 años después los invasores peninsulares cambiarán de estrategia pero no de objetivo. En 1787 llegará a las Salinas (hoy Provincia O’connor) una misión de alto nivel, en representación de la Corona, para concertar con los representantes chiriguanos la paz y rescatar, además, los prisioneros carai (blancos) en manos de los “infieles”. Entre 1779 y 1786 en los múltiples enfrentamiento de guerra entre las milicia españolas y los contingentes de kerembas (guerreros), van a sobresalir dos formidables e insobornables combatientes chiriguanaes, uno llamado Amerani, tubicha (principal) de los pueblos de Itau y, el otro, Chumay, tubichamburubichá, es decir el principal de los principales de un territorio mayor.

Chumay y Amerani encabezaron la comisión negociadora chiriguana a la mesa de concertación por la paz, imponiendo que la misma debía realizarse no en una mesa, como querían los conquistadores, sino en el suelo de acuerdo a sus costumbres y tradición. Los negociadores del Virrey Loreto tuvieron que acomodar sus posaderas para largas jornadas en contacto con el suelo. La representación española tenía como “principal delegado del gobierno colonial a Don Francisco Gonzales Villa, quien además fue nombrado comandante de la comisión negociadora real. Por su parte el Arzobispo de la Arquidiócesis de la Plata, Josefh Antonio de San Alberto, en estrecha concomitancia con el virrey de Buenos Aires Márquez de Loreto, eligió a sus dos mejores hombres: los experimentados curas José de Osa y Palacios y Juan Cobos Redondo en representación de la iglesia. El arzobispo, quien se había desempeñado como obispo de la Diócesis de Córdoba del Tucumán, se quedó en Tarija durante un año para coadyuvar al logro de una paz duradera. El arzobispo, no sin cierta razón, era escéptico respecto a su logro pues consideraba que si no se establecía con exactitud su contenido y alcance ni los indios chiriguanos la guardarán porque son infieles, ni la guardarán quizás los nuestros (los españoles) porque ni les sobra la religión ni el honor”. Sin duda San Alberto tenía conocimiento preciso del ser conquistador. Después de largas y complicadas negociaciones se acordó la paz, primero la firmaron Amerani y los colonialistas; una semana después, con mucho cálculo lo hizo CHUMAY cuando la delegación española se encontraba abrumada y desanimada por la espera; sin embargo de las circunstancias reinantes, los clérigos ni cortos ni perezosos presionaban a Chumay y a sus capitanes para que se comprometiesena aceptar la conversión al catolicismo de él y su gente, a lo que éste, con la claridad de identidad y firmeza de convicción que le caracterizaba respondía: “Cristiano, no; porque así como Dios había criado a los cristianos, también había criado a los Chiriguanos, y muy bien estaba así”.

(Cedido por el autor Fernando Soto Quiroga desde Tarija, Bolivia. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El autor Fernando Soto Quiroga nació en Tarija, Bolivia.
Es sociólogo de profesión.

Bolivia en Estocolmo: Encuentro de poetas y narradores

A 30 años de aquel inolvidable evento,  el “Primer Encuentro de Poetas y Narradores Bolivianos en Estocolmo”, 1991

El escritor Javier Claure relata el acontecimiento y abre sus recuerdos sobre aquel singular evento. Acá un rinconcito para a saudade!

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De izq. a derecha: Ruth Cárdenas, Homero Carvalho, Pedro Shimose, Alberto Guerra (†), Nora Zapata, Edwin Salas (†) (atrás), Víctor Montoya, Héctor Borda, Javier Claure, Ricardo Pastor, Luis Vélez (atrás), Tito Silva y Luis Andrade.
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De izq. a derecha: Nora Zapata, Ruth Cárdenas, Homero Carvalho y Javier Claure.

  Recuerdos de un encuentro literario
                              Por Javier Claure C.

Hace treinta años, en el mes de septiembre, se llevó a cabo el “Primer Encuentro de Poetas y Narradores Bolivianos” en Estocolmo, y aún recuerdo los acontecimientos como si hubiesen ocurrido ayer. Cuatro amigos interesados en la literatura: Edwin Salas (†), Ángel Ontiveros, Víctor Montoya y el autor de esta nota, organizaron este evento que tuvo gran éxito en Estocolmo y buena repercusión en Bolivia.

A Edwin Salas lo conocí en la universidad cuando estudiaba informática. Por aquel entonces, él estaba haciendo un doctorado en ingeniería mecánica.

A Víctor Montoya lo conocí en la presentación del poemario “Datos para la biografía de un hombre”, del poeta argentino Chiche Diamanario (seudóni mo de Mario Chichelnitzky), quien actualmente vive en Barcelona. Y con Ángel Ontiveros iniciamos una amistad en los años 80. Nuestro afán por la literatura nos llevaba a reunirnos horas de horas para conversar e intercambiar ideas. En los veranos, aprovechando el sol que aparece en Suecia, solíamos juntarnos en el parque Ivar Lo, un lugar hermoso cerca de un inmenso lago en pleno centro de Estocolmo. Ahí realizábamos nuestras pequeñas tertulias. Fue en una de esas reuniones que surgió la idea de hacer un encuentro de poetas y narradores bolivianos. Al principio solamente era un sueño porque, como bien es sabido, todo sueño fracasa sin el soporte económico. La pregunta era entonces: ¿Cómo financiar este proyecto literario?

Nos repartimos tareas. En lo que a mí respecta, los otros compañeros del grupo decidieron designarme secretario de hacienda. Así lo señala el protocolo firmado por Edwin Salas (†) y Ángel Ontiveros el 1 de abril de 1990. Me lo entregaron ese mismo día cuando tuvimos una reunión. En dicho documento, Salas figura como auditor; aunque, a decir verdad, los otros dos miembros del grupo siempre estaban presentes en el momento de rendir cuentas. Debo señalar con orgullo que nuestro grupo jamás tuvo ambiciones de lucro. Simple y llanamente se trataba de un gesto altruista. Queríamos hacer conocer al pueblo sueco y a la colonia latinoamericana, la literatura boliviana. Me propuse, entonces, hacer un trabajo de hormiga para conseguir ayuda económica. Escribía cartas a diferentes Instituciones suecas. Y poco a poco los logros iban saliendo a la luz. Mientras tanto, los otros compañeros trabajaban por su cuenta. Nos reuníamos cada cierto tiempo para informar los avances. Y la verdad es que todo marchaba como viento en popa. Lo que inicialmente era una simple ilusión se tornaba en realidad.

El 17 de enero de 1990, organizamos una tertulia en los locales del Centro Socio-Cultural Boliviano (Bredäng). Publicamos un pequeño folleto titulado “Poetas Bolivianos en Suecia, Noche Literaria”, en la que participaron: Héctor Borda, Víctor Montoya, Olga V. de Arizcurinaga (†), Edwin Salas (†), Ángel Ontiveros, Yerko Rhea Salazar y Javier Claure. Fue una noche muy agradable y concurrida en la que el poeta orureño, Héctor Borda, leyó sus poemas durante una hora. El mismo año, el 24 de noviembre a las 19:00 horas, organizamos otra tertulia, también en los locales del Centro Socio-Cultural Boliviano, pero eta vez en Karlaplan. Para esa fecha nos dimos a conocer como grupo “Noche Literaria”. Publicamos nuevamente un cuadernillo, titulado “Poetas y Narradores Bolivianos en Suecia”, en cuyo prólogo se advierte: “Uno de los objetivos fundamentales de estos encuentros literarios es el de preparar el ambiente para el futuro encuentro de poetas y narradores bolivianos en Europa, a efectuarse en septiembre de 1991. La colonia boliviana, en Suecia, estará muy bien representada”. Los participantes en esta velada cultural fueron: María Joaniquina, Ángel Ontiveros, Juan Carlos Romero, Humberto Vásquez (†) y Javier Claure. Y los invitados especiales de la noche: Bernarda Díaz (poetisa chilena), Mario Romero (†) (poeta argentino) y Ana Rojas Portillo (declamadora boliviana).

El grupo “Noche Literaria” siguió trabajando hasta que finalmente vio el sueño realizado.

Tuvimos el honor de tener en Estocolmo a las siguientes personas:
Ruth Cárdenas, poetisa (Sucre, Bolivia, 1957), llegó desde Italia.
Ricardo Pastor, escritor (La Paz, Bolivia, 1940), llegó desde Estados Unidos.
Pedro Shimose, poeta (Riberalta, Bolivia, 1940), llegó desde España.
Nora Zapata, poetisa (Cochabamba, Bolivia, 1945), llegó desde Suiza.
Homero Carvalho, escritor (Santa Ana, Bolivia, 1957), llegó desde Bolivia.
Alberto Guerra (†), poeta (Oruro, Bolivia, 1932 – 2006), llegó desde Bolivia.
Otros escritores y poetas bolivianos radicados en Suecia, quienes además habían publicado libros, eran:
Héctor Borda, poeta (Oruro, Bolivia, 1927)
Víctor Montoya, escritor (La Paz, Bolivia, 1958)
Edwin Salas (†), poeta (Casarabe, Bolivia, 1954)
Olga V. de Arizcurinaga (†), poetisa (La Paz, Bolivia, 1927)

En realidad, en el documento enviado al Instituto Sueco, el 3 de octubre de 1990, figuraban dos escritores más que no pudieron llegar por motivos de trabajo. La convocatoria para este acontecimiento cultural se lanzó la misma fecha, y estaba orientada a todos los bolivianos residentes en Europa, o cualquier otra parte del mundo, que hayan publicado libros. De esta manera, se sumaron también al encuentro por cuenta propia Luis Vélez Serrano (filólogo cochabambino, llegó desde Suiza), Luis Andrade (poeta chuquisaqueño, llegó desde Bolivia) y Tito Silva (escritor beniano, llegó desde Holanda).

El encuentro comenzó el día viernes 13 de septiembre de 1991, a las 08:45, en los locales de ABF (Asociación para la educación de los trabajadores). Después de un discurso de bienvenida; Pedro Shimose, poeta beniano, habló de “Indigenismo y las Culturas Andinas”. A continuación, el poeta orureño Héctor Borda presentó una ponencia acerca de los “500 Años de Explotación”. Y para terminar la mañana Alberto Guerra, también poeta orureño, disertó sobre “Igualdades y Desigualdades entre dos Continentes”. Por la tarde, el poeta chuquisaqueño, Luis Andrade, habló de su ponencia referente al “Idioma Español”, y se continuó con debates, lectura de textos y conclusiones.

El sábado 14 inició la mañana el escritor Homero Carvalho, disertando sobre “Europa en la Literatura Boliviana”. Después de una breve pausa, Ruth Cárdenas y Nora Zapata hablaron de sus experiencias como poetas bolivianas radicadas en Europa. Seguidamente, el filólogo Luis Vélez argumentó acerca de “El Lenguaje y sus Consecuencias”. Después del almuerzo, Víctor Montoya y Edwin Salas (†) explicaron sus ponencias. A las ocho de la noche se llevó a cabo un programa cultural con grupos de baile y música boliviana. Esa noche tuve la oportunidad de leer algunos de mis poemas. Edwin Salas (†) era el presentador del acto, y pidió al público un aplauso por mis aportes para la realización de este hermoso festival literario. Este gesto de honestidad se ha grabado en mi cabeza para siempre.

El domingo 15, el periódico sueco Noticias del Día (Dagens Nyheter) publicó una nota acerca del encuentro. Anders Cullhed, catedrático de literatura de la Universidad de Estocolmo, escribió este artículo que empieza de la siguiente manera: “La barbarie que era nuestro terruño –dioses toscos, vikingos salvajes y un idioma duro como el hierro– ha interesado siempre a una cantidad de almas ardientes del otro lado del mundo. Uno de ellos es el magnífico poeta boliviano de principios de siglo Ricardo Jaimes Freyre”. Y se pregunta ¿Qué sabemos de la literatura boliviana? Respondiéndose él mismo: “De su literatura no sabemos nada. La mujer de temple Domitila Chungara despertó atención con sus informes sobre la vida de los mineros en los años 70, y la editorial Askild & Kärnekull publicó, en 1983, la novela de Augusto Céspedes “El metal del diablo”, sobre los magnates del estaño y sobre maldiciones. Eso es todo en sueco…”.

Ese mismo domingo hicimos un hermoso viaje en barco a Finlandia, donde continuaron las bromas, anécdotas y pequeñas tertulias informales. El poeta Héctor Borda, con su buen humor, arrancaba largas risas. Me acuerdo cuando estuvimos paseando por la cubierta del barco a eso de las seis de la tarde, el sol se estaba entrando y se veía una mezcla de bellos colores en el cielo (así se puede ver en algunas fotos de mi álbum). Caminado por los pasillos Alberto Guerra me decía: “Sigue adelante, eres un poeta macerando”. Y don Héctor Borda continuaba: “Así es, Claurecito, sigue adelante, hay que agarrarle al toro por las astas”. De verdad fueron palabras reconfortantes que marcaron en mi persona como poeta.
Con los demás participantes llegué a entablar una linda amistad. Conversábamos de todo y reíamos como si se tratase de un encuentro familiar. Para mí fue un placer conocer personalmente a poetas y escritores que solamente los leía en periódicos, en revistas literarias y en antologías.

Después de ese periplo sobre las aguas del mar Báltico, la mayoría de los poetas y escritores retornaron a sus respectivos países. Sin embargo,  Homero Carvalho, Alberto Guerra y Pedro Shimose viajaron a Italia y Noruega para exponer temas sobre la literatura boliviana.  Cuando volvieron a Estocolmo, Shimose se marchó a España, Carvalho y Guerra se quedaron algunos días más. Y nos seguíamos reuniendo en la casa de alguno de los anfitriones. Una vez entre trago y trago, me acuerdo bien, Homero Carvalho se puso un abrigo del Ejército Rojo (aún conservo la foto), y la verdad es que la postura del momento con ese abrigo verde de charreteras rojas en los hombros, con esos mostachos, su peinado y la mirada hacia arriba, parecía un retrato fiel de Stalin.

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De izq. a derecha: Ruth Cárdenas, Luis Vélez, Ángel Ontiveros, Nora Zapata, una amiga, Alberto Guerra (†), Javier Claure y Héctor Borda.

Con Ruth Cárdenas hice buenas migas. Estuvo una noche en mi casa, y admirablemente se la pasó en vela leyendo y corrigiendo la ponencia que tenía que presentar al día siguiente. Me regaló un poemario no muy extenso, en donde hay poesías en español e italiano. El poema que más me gusta es “Oda a la muerte”: “Yo, apenas poeta/ mitad los otros/ casi ninguno/ te llamo:/ hermana muerte/ a ti que entras/ sin golpear la puerta/ perdona si te interrumpo/ tu silencio de mármol y ciprés/ mas, cuando vengas por mi/ no te disfraces de negro/ araña viuda, triste…”. Me acuerdo también cuando la acompañé  al colegio de Tensta, donde expuso algunos cuentos a niños de habla hispana. En el aeropuerto, cuando se marchaba a Italia,  cruzamos palabras alentadoras y nos dimos un beso en la mejilla.

De Nora Zapata tengo lindos recuerdos: su conversación, su risa y, sobre todo, su sensibilidad. Había leído sus poemas en el suplemento cultural del desaparecido periódico Presencia. También me regaló su poemario titulado De las estrellas y el silencio, que ganó el premio Franz Tamayo en 1973. Me lo dedicó con las siguientes palabras: “A Javier; poeta, amigo y hermano en esta aventura vital de todos los días, Nora Zapata Prill”. Como todos los poetas escribe igualmente sobre la muerte. En un poema largo titulado “transeúnte séptimo, prohibido cambiar las sílabas de la muerte” dedicado a A. Ávila Jiménez dice: “… dormirás esta noche a mi lado/ con gajos que plantarme a la cintura/ prohibido/ como esa/ y estaremos seguros del silencio/ continúo donde comienza la oscuridad/ emerjo de tus brazos mutilados como loto que falta en la laguna/ Moras en mí/ pie irremediable/ tu piedad nacida en mis caminos/ se quiebra en los reptiles lanzados a la noche… ”

Un detalle que debo aclarar: jamás hubo un “principal organizador” dentro del grupo. Y lo digo esto basándome en la realidad y la documentación que tengo en mi poder. Ahí se puede observar el trabajo de cada uno de los integrantes del elenco organizador.
En fin, así pasaron esos hermosos días llenos de actividades y alegría. La última noche antes de que Homero Carvalho y Alberto Guerra retornaran a Bolivia, les hicimos una linda despedida. Comimos bien, tomamos unos tragos y conversamos toda la noche. Creo que no dormimos ni una hora. Al día siguiente, después del almuerzo, nos fuimos en taxi al aeropuerto. Después de unos abrazos, palabras de despedida y apretones de manos, caminaron hacia la sala de espera. A unos cuatro metros de nosotros, antes de pasar el control, se dieron vuelta, nos hicimos señas de adiós y se perdieron entre la gente.


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De izq. a derecha: Homero Carvalho, Ángel Ontiveros, Javier Claure, Alberto Guerra (†) y Víctor Montoya

Fue un Encuentro único, hermoso e inolvidable como digo en el artículo.  Y ahora, después de 30 años, creo que es digno de publicar estas fotos.

NOTA. El grupo “Noche Literaria” está totalmente desintegrado.
Las fotos adjuntas en este trabajo pertenecen exclusivamente a mi álbum privado. Concluido el encuentro, y al cabo de un buen tiempo, recibí dos cartas. Una de Ricardo Pastor y otra de Pedro Shimose, donde expresaban sus agradecimientos por la atención en Estocolmo. (Javier Claure)

☘*
Javier Claure es un poeta boliviano radicado en Suecia. La escritora Gaby Vallejo dice de él: "He agradecido que su poética – tratándose de un poeta boliviano- no se detenga en las memorias de la Patria, en la nostalgia de las calles, las cosas pequeñas de los pueblos que alimentaron la infancia, la juventud. He agradecido que no sea un boliviano en el exilio -voluntario o no -   sino que el poeta que late en las palabras de Javier,  sea el poeta universal,  que siente el mundo como habitante del mundo y que se pregunte “¿De qué espejo está  hecha la vida?” (del libro Aproximaciones a la obra de nuestros autores, 2021, de próxima publicación en Colección World Women Writers from Bolivia)

Puerta de entrada a Los delirios de Oniria

Los delirios de Oniria de la colección World Women Writers, un romance narrativo experimental para el lector recatado, si es que existe o existió alguna vez

Portada y contraportada del libro, Los delirios de Oniria, Bolivia, julio de 2021

PUERTA DE ENTRADA        

                                                A

LOS DELIRIOS DE ONIRIA

Por Rosario Quiroga de Urquieta

“Alegre y brillante  corría Oniria por las praderas de sus sueños en caballo blanco; montada  sobre sus ansiedades, soñaba… vestida con su traje  rojo naranja  y sandalias en tonos de oro…se elevaba cual emperatriz del sol hasta tocar la luz... sagrado sea el caballo que te lleva montado mi adorado y bello Justin… quisiera despertar a tu lado…”

Aquí, por un lado, no solo  son los delirios de la protagonista que los manifiesta  como un  justo derecho  a las exigencias de su cuerpo, que los concreta  en la satisfacción sin culpa  ni remordimiento alguno. Por otro lado en la misma dimensión, que hoy podemos llamar  derecho a la preferencia sexual, está la homosexualidad  -que va  más allá de la culpa y del pecado- en  el relato sutilmente sugerido,  sin embargo condenado a lo oscuro donde se esconde  de lo prohibido y de  la censura.

El espacio temporal  cobra realidad mediante la equivalencia entre los detalles minuciosos  del entorno  y  las emociones  de los protagonistas, creando una  especie  de puerta de  entrada para el desarrollo de la fábula en  “Los delirios de Oniria”… : “y se deslizaron por las callejuelas del pueblo hasta la placita solitaria en cuyo centro se encontraba el banco preferido de sus sueños”.

Las descripciones, con términos  que denotan y connotan sugerentes significantes “… al alba delicados reflejos de sol colándose entre las cortinas los despertaban…”, no solo motivan la expectativa  en el lector sino  que lo ubican en espacio y tiempo de la narración: Haciendas, hacendados,  patrones, empleados, en  condición de casi esclavos, matrimonios concertados para la preservación del  linaje o conveniencia económica, contextualizan época y tiempo.

Ambientada la trama, se respira un aire de nostalgia de fines del romanticismo con sus apasionadas y contradictorias historias  de amor;  las que  se debatían entre los sueños de euforia sensual con las urgencias  de apego a los deleites del cuerpo, de la carne  y, la hipocresía  del entorno humano, hombres y mujeres, que pretendían aparentar poses  de  pureza e inexperiencia  en las lides  amatorias. Así el triángulo amoroso  en “Los delirios de Oniria” está atrapado en este juego  de apariencias.

Una vez más, la escritora Rossemarie Caballero, de admirable  pulso  de narradora contemporánea, demuestra su arte  en este   relato a través de un  lenguaje altamente literario. Leer  este  cuento de tratamiento delicado y al mismo tiempo de fuerza  temática  es una invitación a recorrer la  mentalidad de siglo XIX con  la inevitable óptica  del  siglo XXI.

Rosario Quiroga de Urquieta

Diseño de portada basado en la pintura Oniria, de Rijad Jaldín

Los delirios de Oniria se presentó el 5 de agosto de 2021 en el Salón Sanabria Fernández de la 22 Feria Internacional del Libro de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia)con gran éxito habiéndose vendido cerca de 200 ejemplares en pocos días.

https://fb.watch/7ZHijBjy9G/

Asimismo, el libro se presentó de manera virtual en la 12 Feria Internacional del Libro de Tarija, el día viernes 10 de septiembre de 2021 mediante zoom organizado por el gestor y escritor Rene Aguilera Fierro de la Unión de Poetas y Artistas de Tarija y dirigido por la escritora Maria Isabel Francia García del Perú.

La Colección World Women Writers difunde la literatura escrita por mujeres desde Bolivia hacia las naciones del mundo, habiendo nuestro libro viajado hacia los Estados Unidos de NA y España además de las ciudades al interior de Bolivia.

El vuelo de una Esfinge Indescifrable, Múltiple, Impenetrable

Por la escritora cochabambina Gaby Vallejo Canedo

SOBRE LA NOVELA EL VUELO DE LA ESFINGE

Rossemarie Caballero escribe un libro extraño, como lo ha titulado ella misma,  el vuelo de  una esfinge, indescifrable, múltiple, impenetrable.

Dos versiones, dos publicaciones, primera edición, 2009; segunda edición, 2018. Dos presentadores de contratapa: Homero Carvalho en la primera; Oscar Willy Muñoz en la segunda. El mismo texto y distinto. Un atento lector lo advierte. Se repiten los contenidos, se añaden otros.

¿Cuál versión leer? ¿Qué le hace cambiar a la autora ciertos elementos de una edición a otra?  La carta al presidente, por ejemplo en p. 47, 43 en otra. ¿Qué le hace cambiar? Posiblemente para el lector que adquiriese cualquiera de las versiones, no sucede nada al respecto. Lee como aparece, sin hacerse las preguntas que me hice yo.

La novela en sí, en su presentación tipográfica es desconcertante.  El uso de varias voces narrativas, de fragmentos poéticos, diversas  estrategias tipográficas, ubicaciones espaciales diversas, uso de mayores sangrías para algunos párrafos, uso de líneas en  cursiva, en  tipos de letras distintos, narraciones en primera, en segunda o tercera persona, códigos y  números extraños,  que parecen que tiene algo que ver con juegos de ajedrez, desconciertan  u obligan al lector a buscar o encontrar continuaciones, nexos en ese mundo ambiguo, desordenado.  La aparición de palabras, claves quizá como la palabra Usted,  permiten a veces encontrar esos nexos, esa continuidad  para entender  o armar  el rompecabezas de  los sucesos.  Y entonces pensamos en el título de la novela  “El vuelo de la Esfinge”, donde la Esfinge aparece con el significado conocido de  “mujer  o deidad misteriosa que hace preguntas, enigmáticas a aquel que se le acerca” pero  el título añade que esta esfinge vuela, escapa, pide persecución para entenderla.

La lectura insinúa, sugiere elementos a manera de  adivinanzas: ¿qué, quienes, cuándo? Se insinúa constantemente pero no se descifra.  Los elementos ambiguos permanecen  hasta  el final, sin correrse el velo.

La temática fuerte,  dura,  una madre castradora lucha entre odio y  amor entre  hija y madre, voces de recriminación de la madre desde la tumba.

Padre sustituto, no el verdadero  padre  ausente  y amante al mismo tiempo, iniciador de la sexualidad, poderoso y permanente. Relatos fragmentados, dispersos, derramados a pedazos como para despistar el lector que se acerca. La esfinge, la que habla, maneja una  enorme desolación. Parece ser Susana, A veces no. Se autodefine: p. 58

“Susana prosaica. Señora poeta.
Prosista o  prosaica = aparentemente tonta
Poeta = extremista, revolucionaria, esfinge”.

Lo que parece ser una definición de la protagonista:

“Nereida, sílfide, ondina
Hiperbórea, valkiria,  uri,
Furia, euménide, virgen,
Doncella, niña
Diosa pagana
¿Quién  eres que así me arrebatas?”

Como vemos, la definición de una persona se torna al final en una pregunta desorbitante.  Así, los giros del relato en 1era, 2da, o 3era persona, cumplen permanentemente la función de desconcertar. Sin embargo, las frases, hondamente atrayentes, cumplen la misión de hacer  avanzar el relato.

Expresiones  hermosas, novedosas, reveladoras a momentos, como

 “¿Acaso no es una quimera infinitamente intocable e invisible el amor? ¿A dónde partirá después de esto?, ¿Se quedará en casa?, ¿Conmigo?”

La narradora  se tipifica como aguerrida defensora de  la mujer, en ironía constante sobre privilegios del varón. Verificable en  muchas páginas, las anotamos  para el indagador: 94- 96- 100-101- 109-119, actitud unida a  una fuerte sensualidad, solo posible justamente con aquel varón  retado, expulsado. Habla incluso de la necesidad de asesinarlo.

Es un libro de ruptura.  Se clizan las imágenes de madre, padre, esposa, hija-amante. Libro amargo, a momentos, de perennes disquisiciones. Pero libro bello también. La trama está escondida, sugerida. Hechiza a su lector,  incita a la búsqueda de explicaciones, de luces  que no llegan y quizá ahí  radica el encanto de esta novela.  La autora maneja elementos de la cultura griega, egipcia como claves, como  anzuelos para mantenernos en la lectura, pero salimos del libro como permanecimos mientras lo leíamos, intrigados, llenos de preguntas. Estuvimos frente a la Esfinge. Permanecimos fascinados por ella. Eran sus palabras, su actitud, sus reclamos, su bella sensualidad, sus rabias, sus juegos, su ajedrez. Y ahí nos encontramos con el vuelo de la esfinge. Ya no está.

Para terminar esta aproximación, copiamos un fragmento excepcionalmente escrito, de una mujer para un varón, que parece un Himno al amor, que es también otra ruptura:

“Usted florece como las rosas blancas de mi jardín. Perfumadas, suaves, blancas, blancas  como los tenues copos del limonero del paraje. Como el aroma de los pétalos que acaban de abrirse a la nueva vida. ¡Aleluya!  Como los jazmines que alegres trascienden apoyados en el muro de añil. Amor, amor, amor, cuán sublime eres, cuán bello y gentil.  Cómo zumban  las abejas en tu rededor y yo en el centro de tu corazón,  me reposo, me solazo, me desperezo. ¡Eres luz!, bello, transparente, iridiscente. Miel. Fruto de ámbar, de almíbares selectos.  Ahora puedo entregarme a ti, y llamarte “tú”, no “Usted”.  Porque el  tú es próximo, inserto, compenetrado… Así ´estaré, mi amado, hasta que termines, gota a gota,  de  descifrarme y desvanecerte a mi lado, sin pudor, sin temor, sin dolor.  Paz y armonía.  Plenitud hasta el fin.”

Hay también en el libro frecuentes segmentos sobre  la política y  el entorno social boliviano, como detalles interesantes de viajes por el  exterior de Bolivia, que también están dispersos, sin ilación, que dan volumen humano al libro.

 Para conocer y  honrar a esta escritora,  hay que leerla y acercarse como a la esfinge.

Gaby Vallejo Canedo
Cochabamba, Bolivia, 2019

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