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De la época cruel de Heberto Arduz Ruiz

La autora tarijeña residente en Córdoba, Nelda  Amalia Carretta reseña el último libro del escritor Heberto Arduz Ruiz

El escritor Heberto Arduz Ruiz, junto a la efigie del poeta Oscar Alfaro, en San Lorenzo – Tarija, antes de la pandemia de 2020.

Reseña De la época cruel

Con pocos, pero puntuales signos, en un claro estilo coloquial y llano, Heberto Arduz Ruiz,  interpela fina y elegantemente al lector, acerca de lo que fuimos y somos antes y durante la pandemia. El confinamiento, la cacería  de ancianos, la incertidumbre ante el fantasma viral  se visibilizan; gravitando aun más en la realidad del autor, por la lenta pesadez de un país aletargado –en evidente alusión a Bolivia, su “pobre país del desconcierto”[1]– cuya  conciencia  socio-política y de gobernabilidad se esfuma.

“En la hora cruel es preciso  arrinconar el mal y no darle tregua” plantea en su tesis Arduz Ruiz, a través de un juego de alusiones y elusiones revestidas de simpleza y naturalidad potenciando una interacción dialógica con sus lectores, en virtud de esa clara intención metafóricamente manifiesta: superar la pandemia. Su finalidad es reflexionar acerca de ella para aceptarla y poder solucionar la crisis existencial que genera.  

Ya en la primera parte de su obra, el escritor, esboza un escenario de tensión y catástrofe que evidencian una angustia vital. Mientras que, en la segunda parte, celebra, con euforia, la  continuidad de la  vida a pesar de estar “privados de todo”. Discurre sobre valores, fe, amor, confinamiento, muerte, llanto, y una oración para los infectados. E incluso, dialoga acerca del silencio y el ritmo de la ciudad de La Paz durante la pandemia.

En la tercera parte, el ensayista pide rogar al Creador por la paz y el planeta, en tanto que reconoce simbólicamente al coronavirus como espectro de venganza de la naturaleza contra  el maltrato del hombre hacia ella, dando como ejemplo los incendios de la Chiquitania.

Ironiza respecto de la aparición urbana de ciertos animales silvestres, difundida por los medios y coincidente con la desaparición mediática de políticos (supuestamente a causa del  distanciamiento social). Valora la introspección y el cambio de conducta personal y familiar   como producto del confinamiento, considerándolos una moraleja de la crisis sanitaria; e interroga al partido gobernante sobre su gestión.

Llanto por la imposibilidad de despedir a quienes fueron víctimas  fatales de la crisis, cuidarse  y proteger la vida, oposición a la cuarentena de parte de los que especulan materialmente,   acatar el confinamiento para no perecer, la urgencia de construir en paz un ambiente desprovisto de rencor y miedo en el marco de una ciudadanía y sociedad responsable son los  tópicos que completan el tercer apartado.

En la cuarta parte, Arduz Ruiz se presenta en toda la magnitud de la dimensión filosófica  existencialista –el hombre y su desconcierto–en la concepción milleriana de la nada. En el tiempo que nos tocó vivir, invitándonos a cambiar de hábitos en nuestra relación con el planeta y con el coronavirus, a no retroceder para arrinconar el mal –como el Cid. En una  época que nos libera de ver en televisión a los políticos, prometiendo y haciendo lo que no deben –canchitas y no, hospitales– según la suspicaz y crítica mirada del propio  autor.

Una existencia amenazada, memoria, añoranza, el amar, abrazarse fuerte, encierro, necesario apoyo a Bolivia, y entre ciudadanos y gobernantes en la lucha por la pandemia;  reencuentro  familiar después de la misma; esperanza de un  nuevo amanecer, fe y unión ciudadana para  construir el futuro, son planteos que el sujeto de la enunciación –el hombre preocupado por la pandemia– le hace a los hombres que perviven en ese contexto, a los ciudadanos, a los bolivianos, en definitiva a los lectores.

 Pero, incisiva y visceral, una pregunta retórica abre una valla de fuego: ¿se puede  permanecer    en funciones si se carece de credibilidad? Es el punto de partida para que el destinatario  directo sea el ex presidente de Bolivia Evo  Morales y el  enunciador, la voz del  que le anticipa un final de ciclo. Es el momento de mayor tensión que alcanza la argumentación de  este abogado y escritor. 

Paceño de nacimiento, tarijeño por adopción, Heberto Arduz Ruiz en su Notas del Facebook. Aguja e Hilo vs. Papel y Lápiz, plasma dos aspectos personales propios: una visión amplia del mundo, propia de quien  vivió desarraigos, viajes y se formó vivencial, social, política y académicamente como hombre de letras y de leyes. Y su generosidad, al reconocer a escritores de esa red social: Homero Carvalho Oliva, Nils Puerta Carranza, Andreyna Herrera, Anita Rosa Reyes, Miguel Alpire que con distintos géneros, estilos, formatos y temáticas proporcionan la posibilidad de una lectura y escritura interactiva y creativa, individual y de conjunto.

En cambio, una visión muy intimista impregnada  de una  subjetividad inherente  al  hombre que amó y vivió, se percibe en sus microcuentos –Maleta trajinada, Retazos del corazón, Separación fatal,  Voluntaria reclusión domiciliaria, La llegada del tren, Hombre de silencios, Confinamiento–    que trasuntan vitalidad en el  decir y sentir, inclusive en conversaciones con su propio yo.

El Alzheimer, la llegada del tren (metáfora de la muerte), y la vida, están entre  su preocupaciones generacionales;  sin embargo, en sus  Crónicas de amor y olvido devela  su  íntima  confesión:  la paradoja de haber sido hombre de pocas palabras, aun enamorado del amor, la poesía y la literatura,que  implican  ser expresivo   con ellas.

Por medio de una prosa ágil y dinámica, asimismo vital y dotada de un fino humor, Arduz Ruiz plantea en clave de profunda filosofía humana, social, política y comprometida, la gravedad de la situación, sin agobiar  debido a su estilo discursivo y su abordaje temático.

En suma, De la época cruel, le sirve al autor de pretexto para dar rienda suelta a su maravillosa forma de decir y sentir esta crisis existencial desatada por la pandemia; concebida y asumida desde una equilibrada perspectiva –ni absolutamente pesimista, ni absolutamente optimista– que provocan en el lector cierto sosiego, deleite y esperanzas, mediados por la intertextualidad fugaz de las historias, además de su breve extensión y delicada línea y trama argumental.

[1]Como lo llama el autor  en su poema “Patria Mía” (El país, Tarija, Bolivia 2020). Disponible  en https://elpais.bo/cultura/20200726_patria-mia.html)

Nelda  Amalia Carretta Casap

Córdoba,  abril  de 2021


Primera  edición. Editorial Sagacom. La Paz – Bolivia, 2020 (76  páginas).
Heberto Arduz Ruiz nació en La Paz, 1946. Doctor en Derecho. Estudió en Tarija y Sucre. Desde la época de universitario sus artículos fueron publicados en Presencia Literaria, El Diario, Hoy, El País, Correo del Sur, La Patria y en diversas revistas culturales, entre ellas Signo. Publicó: Hombres y letras (1978); Mis personajes de fin de siglo (2013); Rastrojo de lecturas y Obituario (2013); Brizna de fuego (2014); Trivialidades de tiempo libre (2015); De la vigilia al sueño (2016); Sueños intactos (2017); La patria del corazón (2018); Antes de la sombra de olvido (2019); Tiempo y vida (2019) y De la época cruel (2020). Corresponsal de Bolivia en la revista virtual “Letras de Parnaso” de España.

Nelda Amalia Carretta Casap nació en Tarija en 1955. Bachiller superior especializado en Letras en la Escuela Normal Superior de Jujuy. Docente de Lengua y Literatura en enseñanza media sistemática y Docente en Lengua Española para Lenguas Extranjeras y de Análisis de Discurso y Metodología de la Investigación en la formación para-sistemática de estudiantes universitarios en diferentes Ciencias Sociales en las provincias de Jujuy y Córdoba. Premio Nacional en Ciencias Sociales como asesora. Coordinadora de Actividades científico- tecnologías del Ministerio de Educación de la Provincia de Jujuy. Directora de Cultura del Municipio de Monterrico
Coautora del Libro sobre investigación en Lingüística “LLamiy Kallpi” y de la Investigación “Mito y originalidad en la narrativa oral de Monterrico”, entre otras.

 

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